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Salzburgo, Verona y el Amor

Decía en mi anterior entrada que cada Agosto siempre tiene fecha de caducidad y el presente, ya la va teniendo. Pronto comenzaremos un nuevo Septiembre con esos añorados recuerdos vividos de unos días que, en mi caso, han sido intensamente inolvidables.

Asistir a los Festivales de Música de Salzburgo y Verona y hacerlo viajando en moto es una de las experiencias más sugestivas que yo pueda desear y que me ha permitido descubrir la personalidad de algunas de las más apasionantes ciudades europeas y el bucólico encanto de esos verticales paisajes alpinos que rivalizan para convertirse en la más bella postal. Y todo ello enmarcando la inolvidable experiencia de asistir a las mejores jornadas operísticas por mi vividas en la cuna mundial de la música clásica estival.

Mi ruta de pernoctaciones fue: Valencia-Segovia-Burdeos-Ginebra-Como-Innsbruck-Salzburgo (“Don Giovanni” de Mozart, “Romeo y Julieta” de Gounod, “Norma” de Bellini, “Iván el Terrible” de Prokofiev)-Cortina D´Ampezzo-Verona (“Aida” de Verdi)-Cannes-Cadaqués-Sitges-Valencia.

El Salzburger Festspiele sin duda es el Festival de Música más importante del mundo, tanto por su glorioso pasado (celebra la 90ª edición) como por su excepcional presente en donde concurren las producciones, las orquestas, los directores y los intérpretes más prestigiosos y afamados de la actualidad. Pero además, su elitista público (venido de todas las partes del mundo) es el más entendido y versado con el que yo haya compartido patio de butacas nunca y esa, sin duda, es la mayor garantía de calidad posible.

Me asombró el inquietante bosque giratorio ideado por Claus Guth para el varonil “Don Giovanni” interpretado por Christopher Maltman representado en la Haus Für Mozart, la capacidad dramática de la bella Anna Netrebko protagonizando una juvenil Juliette de “Romeo y Julieta” en la Felsenreitschule, la lección de sabiduría y sutileza belcantista de la grandísima Edita Gruberova como una “Norma” que puso al público en pié con su inigualable Casta Diva en el Grosses Festspielhaus y la fuerza dramática de un veterano Gerard Depardieu narrando en ruso un “Iván el Terrible” que magistralmente dirigió Riccardo Muti a la Wiener Philharmoniker.

Entre espectáculo y espectáculo mis deseadas peregrinaciones a los lugares en donde nació, habitó, compuso e interpretó Mozart se convirtieron de nuevo en la constatación de que algunos hombres siempre vivieron para nunca morir.

Luego en la Arena de Verona (88º Festival), la monumental “Aida” decorada por el maestro Franco Zeffirelli, popular y veraniega, hay que escucharla con la indulgencia de asistir a un espectáculo en donde las estrellas del cielo abierto y la fresca brisa que desciende de los Dolomitas rivalizan con los permitidos flashes y el carrito de los helados en los entreactos. Italia también es así.

Dicen que Verona es la ciudad del Amor, el mismo que en sus paseadas calles y románticos balcones se juraron para siempre Romeo y Julieta y yo pude disfrutar también en la excelente versión operística de Salzburgo, para constatar una vez más que el verdadero arte solo es eso: Amor vestido de música, pintura, escultura, arquitectura, literatura… Altas expresiones del talento humano que nos han permitido lograr el milagro de interpretar aquello que siempre ha sido más inefable: el irresistible poder de los sentimientos como motor de nuestras acciones y definidor del sentido de la vida.

Saludos de Antonio J. Alonso

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Agosto siempre tiene fecha de caducidad

A las puertas de Agosto, en poco más de un mes, estrenaremos un nuevo Septiembre y con él lo de siempre: los inservibles coleccionables, la supuesta nueva programación de radios y televisiones, otro aburrido curso político, los niños cariacontecidos dirigiéndose hacia el colegio, los reiterados e incumplidos buenos propósitos de mejora personal, etc., etc., etc. Pero sobre todo ello… la sempiterna depresión postvacacional.

Si hay un tema recurrente que preside el Septiembre de todos los medios de comunicación, ese es el de la depresión postvacacional. ¡Siempre se recomienda lo mismo y siempre se olvida eso mismo!. El año pasado yo también escribí acerca de ello en “El engaño de las vacaciones” (http://blog.alonso-businesscoaching.es/2009/08/30/), aunque este año me propongo tratarlo de forma distinta, buscando el prevenir antes que el curar.

Agosto es un mes muy traicionero pues se asemeja a un delicioso gran pastel de chocolate que, sin atender a las sabias recomendaciones que nos hacen, devoramos atropellada y compulsivamente hasta lograr empacharnos, entristeciéndonos cuando lo terminamos pues consideramos que no debería acabar jamás. Al igual que no comemos todos los días del año pastel de chocolate, todos los meses no son Agosto y esto debemos asumirlo con anticipación y no a mes vencido, cuando ya no hay remedio.

Para los que somos afortunados por mantener nuestro trabajo, la causa principal de la depresión postvacacional radica en pensar que lo normal son las vacaciones y lo anormal el resto del año. Solo esto. Cuando asumamos que, para la gran mayoría de la población de hoy en día, es necesario trabajar para vivir, perderemos ese “tic” infantil que nos asalta todos los principios de Septiembre y que nos instala en esa imposible utopía que nos amarga el comienzo de cada nueva temporada.

Disfrutar de las vacaciones al máximo considerando que siempre tienen fecha necesaria de caducidad es la mejor medicina para afrontar el resto de un año que seguro nos lleva hasta un nuevo Agosto vacacional.

Saludos de Antonio J. Alonso

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75.000 kilómetros…

Recientemente, un amigo y compañero motero me trasladaba su evidente y natural orgullo por haber logrado cabalgar sobre su fiel montura mecánica hasta llegar alcanzar los 75.000 kilómetros recorridos. Escuchando esto, secretamente me albergaba la misma emoción, pues yo también he podido llegar a ese registro, pero con la sola ayuda de mis piernas.

Efectivamente, en 2.006 cumplí mis 30 años como corredor aficionado y sobre la celebración de ese aniversario quise escribir un descriptivo relato (http://blog.alonso-businesscoaching.es/2009/03/08/) que, cuatro años después, todavía recuerdo con el dulce estremecimiento que regalan los más difíciles retos alcanzados.

Hoy, a menos de dos meses para cumplir los 49, son ya 34 años de inquebrantable y constante militancia deportiva que, en una fiable aproximación kilométrica, me instalan en los 75.000 kilómetros corridos o lo que es lo mismo, seis vueltas completas alrededor del perímetro terrestre y con muchas ganas todavía de conseguir las míticas seis cifras (100.000 kms.) antes de llegar a la sesentena.

Yo no soy un superhombre. Soy una persona corriente que nació con unas facultades físicas bien normales o quizás aun menos que eso (en el colegio, casi todos mis compañeros me adelantaban cuando había que correr), pero que se obstinó desde adolescente en cambiar el curso de unos acontecimientos predecibles.

Por tanto, mi aceptable estado de forma física actual no se debe a un amable regalo de la naturaleza, si no al constante y determinado esfuerzo desarrollado diariamente en los últimos dos tercios de mi vida.

Aceptar que lo valioso (a todos los niveles) nunca es ni será gratuito constituye el principio fundamental para instaurar la cultura del esfuerzo y su recompensa. Considerar por contra que el destino nos tiene reservados atractivos y gratuitos regalos porque sí, es sin duda el final de todo camino hacia la superación personal y el principio de la más aburrida resignación vital.

¿Qué tienes ahora en tu vida, que verdaderamente valores y que te haya sido regalado…?. Si la respuesta es “casi nada” y quieres seguir consiguiendo “algo más”, el futuro se abre atractivo ante ti para darte la oportunidad, no sin esfuerzo, de seguir recorriendo los kilómetros que constituyen el apasionante camino de tu propia vida…

Saludos de Antonio J. Alonso

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La Mentira

Llevo un tiempo practicando una sencilla estadística personal a partir de la valiosa información que obtengo de mis clientes, alumnos, familiares, amigos y conocidos, para averiguar cuál es aquella característica de las personas que más censuran y menos perdonan. Sin pretender elevar a rango de teoría la conclusión obtenida, yo estoy muy de acuerdo con el resultado final pues para mí también es la misma: la Mentira.

Hay muchas definiciones de Mentira, pero especialmente una recoge mucho de lo que es y también de lo que comporta:

“Acción y efecto de decir algo diferente a la verdad”

Me gusta esta acepción pues, a lo que todos entendemos como Mentir (“falsear la Verdad”) se añade sus posibles consecuencias, en realidad el elemento esencial y más identificante del embuste. Hay quienes consideran que, en función de la tipología de Mentira, sus consecuencias pueden ser positivas o negativas y por tanto aquella no es mala se suyo, si no en función de lo que acarrea.

Sin ascender a elevadas disquisiciones filosóficas (Platón, Aristóteles, San Agustín, Kant, Tomás de Aquino, etc. ya lo hicieron muy bien), yo no opino igual: para mí, toda Mentira es improcedente, cualesquiera sean sus consecuencias, tanto buenas como malas.

Sinceramente considero que no habría que Mentir pues, siendo la Verdad uno de los principales valores troncales de nuestra cultura occidental, nunca se debe falsear la realidad, lo que no obliga a manifestarla siempre y en su integridad, no constituyendo esto engaño alguno si no limitación adecuada de la información en razón de las circunstancias.

La dificultad de no Mentir y además cuando proceda no dañar, estriba en cuánto y cómo comunicar la Verdad. Quienes defienden las “Mentiras piadosas” o “terapéuticas” lo hacen ante su escasez de recursos para afrontar situaciones con la sabiduría y el ingenio suficientes como para responder lo adecuado, sin traicionar nunca eso que todos queremos encontrar por siempre en los demás…

…la Verdad.

Saludos de Antonio J. Alonso

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En el Futbol está la Solución…

Finalizando ya el Campeonato del Mundo de Futbol de Sudáfrica, “vuvucelas” aparte, de los resultados acontecidos podemos extraer una conclusión que a buen seguro va a marcar el devenir futuro de este deporte tan multitudinario y competitivo: El éxito viene determinado de forma concluyente por la labor bien orientada y mejor coordinada del equipo, más que por el acierto aleatorio y fugaz de sus individualidades, por geniales que estas puedan ser.

Así es, todas las selecciones que de alguna manera u otra han presentado un buen comportamiento en esta edición del Mundial lo han conseguido por su buen hacer de equipo, orientando su juego al cumplimiento de los esquemas de juego trazados por su entrenador y caracterizados los jugadores por un sentimiento colectivo de grupo con fuerte carga de identidad propia (esto mismo es lo que está también demostrando, a nivel de clubes, el FC. Barcelona desde hace un par de exitosos años).

De esta manera se explica eso de que “ya no hay rival fácil de vencer” pues ahora la motivación junto con la disciplina estratégica y la buena preparación física convierten a cualquier equipo, supuestamente mediocre, en una máquina perfecta de contener y arruinar las expectativas de victoria de su contrario.

El Futbol de hoy es así y lo será siendo cada vez más. Los incalculables intereses económicos que rodean a este “balón-pédico” deporte obligan imperiosamente a la consecución de resultados y ello no es cosa solo de una o dos figuras de relumbrón, sino de once comprometidos futbolistas y su entrenador. Entrenador (o Coach) cuya función principal es obtener la mejor versión deportiva de cada jugador y ponerla en fluida combinación con la de los demás para configurar un “equipo”, es decir, algo con valor añadido al de solo un “grupo”.

Y… hablando de consecución de resultados, ¿no es esta la premisa esencial que marca históricamente el origen y el destino de la vida de las empresas?. El éxito mercantil, en un mundo tan competitivo como el que define a la realidad de las sociedades económicamente más avanzadas, pasa por vencer a los competidores en el duro partido por conseguir el favor de los clientes.

Esta tarea, a la que se enfrentan día a día todas las empresas que conocemos se torna imposible de no contar, como en el Futbol, con una estrategia bien definida y un equipo humano coordinado y motivado para implementarla. Las ventajas competitivas ya no vienen determinadas por geniales ideas empresariales en un mundo en donde casi todo está inventado. No, lo que asegura el éxito es más una labor de aporte constante de valor, paulatina y conjunta por todos y cada uno de los que conforman una organización llegando así a conseguir la excelencia de convertir el todo en mucho más que la suma de sus partes.

¡Quien busque la Solución que siga viendo Futbol…!.

Saludos de Antonio J. Alonso

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Las Conferencias Frustrantes

Una manera tradicional de mejorar los conocimientos de toda persona comprometida con su desarrollo profesional y personal es asistiendo periódicamente a Conferencias sobre aquellas temáticas que le sean de su interés. Conferencias que siempre exigen una dedicación de tiempo y en ocasiones también de dinero que, al menos, debería ser meridianamente compensadas por los resultados finalmente obtenidos, buscando una óptima relación coste/beneficio.

Admito que las personas somos los animales que más se obstinan en tropezar con la misma piedra y confieso que, en cuanto a asistencias a Conferencias Frustrantes, yo soy uno de los que se llevarían el premio al más tropezón. O, al menos, esa es mi desolada impresión.

Esta semana, una vez más, he comparecido como oyente a una Conferencia sobre Talento, Liderazgo y Habilidades Directivas (mis especialidades como Business-Coach). El título era atractivo, el ponente de prestigio y el organizador del evento, una conocida Escuela de Negocios de la cual formo parte en su Claustro de Profesores. Todo apuntaba a la fiabilidad y aprovechabilidad del tiempo a dedicar, por lo que me inscribí y allí comparecí.

El resultado fue el de casi siempre: ¡Frustración!.

Las Conferencias, en general, suelen ser un apropiado vehículo transmisor de datos, conocimientos y experiencias que el ponente nos presenta con mayor o menor fortuna comunicacional y didáctica. Por esto, la mayoría de las Conferencias normalmente nos trasladan solo información, lo que en ocasiones si es apropiado y útil en el tratamiento de algunas materias pero claramente insuficiente en otras, cuyo aporte debería llegar a más.

Las Conferencias sobre Talento, Liderazgo y Habilidades Directivas corresponden a esta última tipología, pues todas ellas desgraciadamente se fundamentan en lo mismo: informar sobre cuales son las competencias óptimas (empatía, asertividad, delegación, escucha activa, trabajo en equipo, etc., etc., etc.) que definen a un profesional de éxito, algo tan normalmente ya sabido por todos que lo único que aportan finalmente es la originalidad del PowerPoint diseñado y algún que otro chiste contado con gracejo por el conferenciante.

Toda Conferencia que busque la mejora del comportamiento humano en cualquiera de sus facetas y situaciones no puede limitarse solo a “constatar lo que hay que hacer” sino que debe tratar de “facilitar el cómo hacerlo”, que es lo realmente difícil y verdaderamente útil para los asistentes, a la par que distingue aquellas Conferencias que realmente aportan valor de las que suponen una desilusionante pérdida de tiempo.

Yo, en las que tengo el honor de impartir, me esfuerzo denodadamente por hacerlo. Al menos por honestidad personal con esas personas a las que nunca agradeceré lo suficiente el que destinen una parte de su valiosa jornada profesional o personal a escucharme.

Saludos de Antonio J. Alonso

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Los Libros de Auto-Ayuda

En los últimos veinte años la irresistible aparición de un nuevo género literario, caracterizado por su innegable popularidad y éxito de ventas, ha protagonizado todo tipo de opiniones enfrentadas al respecto de su coherencia, validez y legitimidad.

Los Libros de Autoayuda, esos que pretenden contribuir a mejorar la vida de sus lectores a partir de reflexiones, parábolas y consejos, están de moda. Moda que parece algo más que eso, dado su firme y duradero posicionamiento en las preferencias de un amplio sector de la población lectora.

Pretender realizar un análisis genérico de los Libros de Autoayuda no tiene mucho sentido ante la manifiesta diversidad de los títulos publicados, tanto estilística como académicamente. Es evidente que el valor intrínseco de cada ejemplar viene sostenido por muchos factores, tantos como los que puedan también justificar la calidad en cualquier otro género literario. Por ello, aquí también los hay buenos y malos.

No obstante, si hay un aspecto a considerar que es de común aplicación a este género y que viene definido por su título genérico: “Autoayuda”.

Los Libros de Autoayuda no son de “Ayuda” y esta es una distinción esencial para entender y valorar convenientemente lo que podemos esperar de su lectura. Una cosa es ayudar a alguien y otra muy distinta, que ese alguien (el lector) logre ayudarse a sí mismo.

Los procesos de mejora profesional y personal son tan difíciles y complejos que requieren inexcusablemente que el propio afectado comande con pulso firme la nave de su propio cambio, sin esperar en vano que sea “otro” el que haga ese trabajo por él. Cuando leemos un Libro de Autoayuda con la deseada esperanza de encontrar la receta mágica, de aplicación simple y que solucione instantáneamente nuestros problemas, estamos condenando los resultados anhelados al más puro de los fracasos personales.

Y sobre esto, en muchas ocasiones, nada de culpa tiene el libro que hemos sostenido entre nuestras manos, sino quizás esa indolente pereza que siempre nos amenaza misteriosamente ante el necesario, personal e intransferible esfuerzo que deberíamos realizar.

Por tanto, mejor que Libros de Autoayuda deberían ser llamados ”Libros de Auto-Ayuda”…

Saludos de Antonio J. Alonso

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El Talante y el Talento

La llegada al gobierno de España de José Luis Rodriguez Zapatero en 2.004 puso de moda un sustantivo que se le atribuía como una de sus cualidades más distintivas y apreciadas: el Talante.

El “Talante” es el estado de ánimo o actitud de una persona, bien en un determinado momento o bien en general, que suele predisponer de una manera positiva o negativa a la hora de realizar una tarea o alcanzar un objetivo.

Todos convendremos en la conveniencia de mostrar un Talante positivo allí donde estemos y con quienes compartamos familia, trabajo, ocio, etc., para que todo aquello que nos proponemos pueda realizarse con mayor facilidad.

No obstante, mostrar un Talante positivo con habitualidad no es tarea fácil, sobre todo en aquellos momentos de dificultad y presión que suelen desbordar nuestros mejores propósitos (¡qué diferentes nos solemos mostrar ante los demás en un domingo por la mañana respecto de la del lunes siguiente!).

Por tanto, el Talante no es una competencia con la que se nace y que se practica con automaticidad, sino más bien requiere de una predisposición y un esfuerzo para ejercitarlo convenientemente en cada momento y en todos los órdenes de la vida, demostrándonos la experiencia que cuando nos olvidamos de positivarlo nuestra actuación se resiente significativamente.

Por otra parte, podemos definir el “Talento” como el conjunto de capacidades propias de una persona para obtener resultados notables en el ejercicio de la inteligencia. De entre esas capacidades una de ellas es el Talante, por lo que ambos términos se encuentran estrechamente ligados entre sí y además vinculados con la inteligencia, al precisar de ella para manifestarse con efectividad.

En mi opinión, las personas inteligentes que se afanan por desarrollar su Talento normalmente evidencian un Talante positivo que, aun siendo imprescindible para conseguir buenos resultados, nunca los garantizan en la medida buscada como así lo demuestra el complicado panorama actual de la situación económica española a la que hemos llegado y que todos estamos sufriendo.

Saludos de Antonio J. Alonso

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Estilos de Liderazgo

En todos los órdenes de la vida, el Liderazgo se convierte en la característica personal más determinante para conseguir nuestros propósitos, tanto personales (”Liderazgo Endógeno”) como sociales (”Liderazgo Exógeno”).

Toda persona, sin proponérselo, es Líder en muchas de las circunstancias que le acontecen en su discurrir cotidiano. Tomar decisiones personales como iniciar una dieta baja en calorías o familiares como programar las vacaciones veraniegas, son ejemplos (endógeno y exógeno respectivamente) del protagonismo que el Liderazgo tiene en nuestras vidas. No es necesario detentar puestos de alta responsabilidad política o empresarial para ejercer como Líder. La vida nos obliga a ello.

Por tanto, Líderes somos todos aun sin saberlo o quererlo. Pero no todos somos Líderes de igual manera y con el mismo aprovechamiento, pues cada uno tiene su Estilo de Liderazgo que determina los resultados que consigue consigo mismo y con los demás.

Si esto es así, parece sensato aceptar la conveniencia de mejorar nuestro personal Estilo de Liderazgo para caminar de forma más efectiva por la vida. Pero, ¿qué mejorar?. La respuesta no es sencilla y menos si se trata de formularla de una manera genérica para todos, pues cada cual tiene sus propias áreas de mejora, siempre personales e intransferibles.

No obstante, podemos comenzar por identificar cual es nuestro Estilo de Liderazgo vital para identificar luego la conveniencia o no de realizar algunos cambios. De todas las clasificaciones existentes de Estilos de Liderazgo, yo me quedo con una muy sencilla que los diferencia en “Autocrático”, “Liberal” y “Democrático”.

En 1.939 Kurt Lewin realizó un revelador experimento (http://www.dailymotion.com/video/xakxtv_estilos-de-liderazgo-kurt-lewin_school) para determinar las consecuencias derivadas del ejercicio de cada uno de estos tres Estilos de Liderazgo, llegando a una conclusión verdaderamente esclarecedora: el comportamiento y la eficiencia de las personas depende más del Estilo de Liderazgo que ejerzan sobre ellas que de su propia idiosincrasia.

Por tanto, podemos asegurar que la mejora del rendimiento profesional y personal de cualquier colectivo (profesionales, sociales, familiares, etc.) depende en gran medida de la eficiencia de su Líder a igualdad de circunstancias, lo que justifica y demuestra la trascendencia del Liderazgo en el avance de la Humanidad, parte de la cual construimos día a día cada uno de nosotros ejerciendo como anónimos y muy personales Líderes de nuestro más cercano entorno relacional.

Saludos de Antonio J. Alonso

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“Ser Cocinero antes que Fraile”

La verdad es que este aforismo presenta una de esas paradojas que son tan frecuentes hoy en día: todos sabemos lo que quiere decir por más que lo que realmente significa no se corresponda con ello, pues su construcción literal es errónea al asociar dos cometidos laborales sin relación alguna.

Más adecuado sería escribir “Ser Pinche antes que Cocinero” o “Ser Novicio antes que Fraile”, para indicar que las competencias profesionales se adquieren y mejoran desde el conocimiento de las bases que configuran toda actividad laboral (esto valdría también para otros órdenes de la vida).

Conocer algo es el camino más corto para poder contribuir a mejorarlo, pues el desconocimiento incorpora siempre mayor dificultad y una probabilidad de error superior en el resultado de las actuaciones emprendidas.

El Coaching, esa disciplina que facilita los procesos de cambio hacia la mejora integral de la persona, también participa de estos planteamientos, sobre todo cuando nos referimos al Business Coaching (Coaching Ejecutivo y Coaching Empresarial).

Frente a las evidentes diferencias de naturaleza con el Mentor (“responde que debería hacerse”), el Business Coach (“pregunta que debería hacerse”) también debe conocer de primera mano cuáles son las claves que definen los mecanismos de actuación de los entornos profesionales y empresariales para una más rápida identificación y simbiosis con las problemáticas de sus clientes. Y ello solo es posible si con anterioridad él ha “sufrido esas problemáticas en carne propia” desempeñando funciones directivas en, a ser posible, distintas organizaciones empresariales.

Las aproximaciones al Coaching Ejecutivo y Empresarial con las únicas armas de la formación técnica aprendida en una Escuela de Coaching son evidentemente insuficientes para prestar la ayuda necesaria en los procesos de mejora profesional y empresarial que las compañías demandan de un Coach y que, no olvidemos, deben trasladarse siempre a resultados positivos que demuestren el retorno de la inversión.

De aquí que mi sincera recomendación a las empresas y profesionales para la contratación exitosa de un Coach parte de que, además de sus acreditaciones y méritos como tal, demuestre sus conocimientos y previa experiencia personal en el mundo empresarial, sin duda la mejora garantía de entendimiento y empatía profesional.

Por tanto… “Ser Directivo antes que Business Coach”.

Saludos de Antonio J. Alonso

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¡Algo pequeñito…!

Televisión Española concursa hoy sábado 29 de Mayo en Eurovisión 2.010 con una muy original canción titulada “Algo pequeñito” (http://www.youtube.com/watch?v=IGlKLUujURk) que, independientemente del resultado final que consiga, en mi opinión es el mejor de los 49 temas hasta la fecha presentados por España en toda su historia de participación en el veterano y europeo Festival de la Canción.

Elegante y pegadizo ritmo de vals en crescendo al estilo raveliano de su famoso Bolero, está interpretado por la juvenil y bien modulada voz de un rizado y simpático Daniel Diges que protagoniza esa nostálgica puesta en escena alegórica a los evocadores mundos del Circo tradicional y la Comedia dell´Arte.

Pero de todos los aciertos de “Algo pequeñito”, quizás el mayor esta en el mensaje que contiene su letra y cuyos sencillos primeros versos son…

- Algo pequeñito, algo chiquitito. Una rosa blanca. Una caricia, un beso dulce y un perdón.

- Algo pequeñito. Algo chiquitito. Un gesto tierno, una mirada. Un abrazo, una flor.

- Algo pequeñito. Algo chiquitito. Un simple te quiero. Con dulzura, con cariño y con pasión.

…versos que proclaman la grandeza de la pequeñez, la importancia de la parte frente al todo, la evidencia de que solo son las piedras las que construyen las catedrales.

Siempre he sido un fiel defensor de la conveniencia del cuidado de los pequeños detalles en cualquier orden de la vida, pues su práctica reiterada suele ser la mejor garantía para trasladar con éxito nuestras intenciones y voluntades a los demás. Confundir su carácter diminuto con la intrascendencia de su uso es uno de los mayores errores que podemos cometer y que habitualmente no solemos entender por más que nos lo señalen.

El sentimental mensaje de “Algo pequeñito” también tiene buen acomodo en los entornos profesionales, ahora tan crispados y ásperos que andan urgentemente necesitados del esfuerzo solidario de todos por cuidar más las prácticas y los ambientes laborales.

Una maquinaria funciona a pleno rendimiento cuando las pérdidas de energía por fricción se minimizan y es por ello que se utilizan los aceites lubricantes. Sin duda el mejor para construir fluidas relaciones profesionales en equipos de trabajo de alto rendimiento son los pequeños detalles, como lo es una cariñosa palabra de ánimo en el momento adecuado o el gesto de escuchar pacientemente y con atención las correrías de fin de semana del hijo de nuestro compañero de trabajo…

…algo pequeñito que no requiere de gran esfuerzo personal pero que sumado al de todos los demás puede conseguir un enorme resultado final.

Saludos de Antonio J. Alonso

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La Relatividad y Tony Meléndez

¿Cuántas veces en nuestra vida nos hemos ahogado en un simple vaso de agua al convertirse engañosamente este en el escenario de las tormentas oceánicas más aterradoras? y ¿cuántas veces nos hemos dado cuenta a la postre de que las presuntas dificultades vividas no lo habían sido tanto?.

La percepción de la realidad condiciona en gran modo su adecuada gestión. Tanto el apreciar más dificultades de las que realmente son como lo contrario, suele ser un mal punto de partida en los procesos de actuación personal.

Vivimos presos de un provincianismo mental que quiere reducir todo lo que nos acontece a un puñado de reglas bien sabidas y aplicadas tradicionalmente por la colectividad de la que formamos parte. Perseguimos la comodidad infinita y conforme la vamos ganando en la vida, cualquier atentado a ella nos parece el mayor de los terremotos en nuestro ganado remanso de placidez engañosa.

Buscamos lo absoluto (nuestra verdad), cuando lo práctico es caminar hacia lo relativo (las verdades). Usamos siempre las mismas gafas, cuando deberíamos acostumbrarnos a ponernos frecuentemente las de los demás.

La vida necesariamente es como una carretera de montaña, que alterna unos tramos de subida con otros de bajada. Empeñarse en que la cuesta sea siempre descendente es tanto como buscar el fondo del infierno con alevosía. Sin duda, debe haber momentos de esfuerzo para que luego los haya de descanso. El contraste es parte de la esencia de nuestra vida, por lo que relativizar ambos es la mejor receta para entender el sistema cíclico existencial.

Quien esto bien lo ha entendido es Tony Meléndez (http://www.youtube.com/watch?v=RoLoFe3Eze8), cuyo brillante ejercicio de Relatividad le ha posibilitado afrontar las empinadas cuestas que su vida le ha reservado y que él ha traducido en una de las mayores lecciones de supervivencia en un entorno de verdadera tormenta perfecta, sin duda muy distante de nuestros tan “exagerados” y “aterradores” chaparrones primaverales cotidianos…

Saludos de Antonio J. Alonso

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Me pagan por Preguntar

Dicen mis amigos que envidian la profesión que vengo desempeñando en los últimos ocho años porque, a diferencia de casi todas las demás, a mí me pagan por preguntar cuando lo habitual es que fuera por responder. Y esto, no dedicándome al periodismo, es muy poco frecuente y ciertamente singular.

Soy Business Coach (o entrenador en empresas y negocios) y me gano la vida preguntando. Si, preguntando. Hago lo contrario a aquello que ofrecen los Consultores: respuestas y soluciones a los problemas.

¿Y por qué me pagan por ello…?.

Llega un coche averiado a un taller de reparación y el mecánico, al abrir el capó, coge una llave inglesa con la que aprieta una tuerca:

- Señor, ya está arreglado su vehículo, son 300 €.

- ¿Cómo?. ¿Usted es un ladrón?. ¿300 € por apretar una tuerca…?.

- Perdone caballero, yo le he cobrado 5 € por apretar la tuerca y 295 € por saber cual de todas ellas es la que soluciona la avería de su coche.

Preguntar puede ser muy fácil o muy difícil, todo depende de lo que se pretenda conseguir. En mi caso y en el de quienes nos dedicamos al Business Coaching, el objetivo que perseguimos es el de maximizar los resultados de las organizaciones en donde intervenimos a partir de la puesta en valor de todos sus Agentes y muy especialmente, de su Capital Humano. Y para ello hay que preguntar, sabiendo lo que preguntar.

Me gustan las preguntas mucho más que las respuestas y es por ello que prefiero la música de Beethoven a la de Mozart pues, en mi opinión, el primero se debate constantemente alrededor de la duda enriquecedora mientras que el segundo compone plácidamente instalado en su insultante perfección musical.

El Capital Humano y en especial su talento, hoy en día, es el principal factor crítico de éxito de toda empresa por cuanto es lo único que no se puede comprar con dinero (el resto de factores productivos, sí). Contratar a un directivo brillante de otra empresa no asegura que lo vaya a ser en esta. Las organizaciones que cuentan con equipos de trabajo de alto rendimiento profesional son las que se distinguen positivamente de las de su competencia y por tanto, las que triunfan en sus mercados.

Mejorar el rendimiento profesional de los directivos de las empresas es mi trabajo y nunca lo podría conseguir trasladándoles respuestas. ¿Por qué?. Pues porque no las tengo, al faltarme toda la información que ellos si tienen sobre su responsabilidad profesional, empresa, mercado, etc.

¿Quién sabe más que uno mismo sobre su realidad?. Nadie. Por tanto, nadie nos puede decir acertadamente lo que tenemos que hacer. De aquí que la Consultoría (y también la Formación tradicional) está llamada al fracaso continuo y reiterado en todo aquello que suponga la mejora del rendimiento profesional de los miembros de equipos de trabajo a partir de milagrosas soluciones y recetas mil veces oídas. No valen las soluciones externas, sino únicamente las que surgen y parten de los propios afectados.

Pero ver individualmente las soluciones no nos resulta fácil. Muchos impedimentos nos suelen bloquear la percepción más objetiva de nuestra realidad y casi todos ellos están vinculados a esa obsesión que continuadamente demostramos por permanecer en nuestra zona de comodidad. Ese reducto de hábitos y costumbres que, por conocidas y dominadas, nos instalan en la más aburrida repetición vital.

El cambio es la única herramienta válida para el progreso personal y profesional (“Si hacemos siempre lo mismo, conseguiremos siempre lo mismo”) y dada su evidente dificultad, a mí me pagan por facilitarlo y propiciarlo en los profesionales y en sus organizaciones.

Y para ello, siempre pregunto…

Saludos de Antonio J. Alonso

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Lecciones de Ternura

El lunes pasado, en pleno Mayo, amaneció un día fresco y lluvioso en Valencia. De esos que parecen se han equivocado de estación para recordarnos un Invierno recién finalizado que todos queremos olvidar pero que, sin pedirlo, en menos de un año nos volverá a visitar.

Es en este tipo de días cuando me resulta más fácil el poder analizar emocionalmente lo que me pasa y rodea, ganando en sentido y sensibilidad (¡Jane Austen solo podía ser británica!).

Caminando bajo la lluvia, recordaba la sesión de Coaching recién finalizada en donde el Gerente de una conocida compañia de servicios me había trasladado su preocupación por el progresivo deterioro que estaba notando en la relación laboral con su esposa (trabajan juntos) debido, según él, a la crispación que estos tiempos problemáticos de dificultad económica genera en los caracteres de los líderes y directivos empresariales.

Instalado en el metro y ya de vuelta a casa, seguía absorto en mis tribulaciones sobre las verdaderas razones que podrían explicar la situación de mi cliente, cuando en la parada de una estación entraron dos jóvenes con rasgos físicos de síndrome de Down. Tendrían veintipocos años y no les acompañaba nadie, lo cual me intrigó por lo inusual. Vestían a la moda y permanecían callados.

A hora punta, el vagón lleno no ofrecía muchas posibilidades de asiento y la única plaza a la vista fue cedida galantemente por el muchacho a su acompañante, muy rubia y algo más alta que él. Como no llevaban paraguas, sus ropas y pelos mojados me informaron de un largo trayecto a pié hasta esa estación.

Sin pretender observar más de lo que el decoro impone, me costaba apartar mis ojos de esos jóvenes, distintos sí, pero a la vez tan normales en su comportamiento que todavía me intrigaban más. Y de repente, paso…

Tuve el privilegio de contemplar una de las escenas más verdaderas y tiernas que en mucho tiempo había visto en la vida real (en la Ópera, muchas veces, sin duda) y que paso desapercibida para el resto del pasaje, tan ausentes como ignorantes del regalo emocional que estaba aconteciendo.

El muchacho, con un delicadísimo cuidado y esa minuciosidad titubeante que solo los síndrome de Down son capaces de mostrar (lo conozco muy bien, pues tengo una adorable sobrinita que nació así), le estaba retirando primorosamente del rostro los despeinados mechones mojados que cubrían sus ojos, dibujando nuevamente ese flequillo perdido, pelo a pelo, ante la dulce y ya plenamente azul mirada de la joven. ¡No pude contener mi emoción!.

Al pronto comprendí que las lecciones no las dan los que quieren sino los que pueden y que mi cliente, de haber estado allí, hubiera descubierto sin más ayuda mía la verdadera razón de su preocupación.

Saludos de Antonio J. Alonso

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“La Paradoja del Trabajo”

“LA PARADOJA DEL TRABAJO”

Hoy es 1º de Mayo y festivo: celebramos el Día del Trabajo.

Normalmente las festividades en el calendario vienen a “santificar” (religiosa o laicamente) a personas, instituciones o acontecimientos de gran relevancia y significación para toda la colectividad, conservándolos anualmente en su memoria histórica.

Sin duda el Trabajo lo es. Pero, ¿por qué…?.

Si, ¿por qué?. ¿Es el trabajo un bien deseado? o ¿se trata más bien de una necesidad impuesta?.

En mi opinión, si el Trabajo fuese un bien deseado nadie jugaría a la lotería. A todos nos gustaría vivir sin la obligatoriedad de tener que trabajar para ganarnos la vida y así poder destinar nuestro tiempo a lo que nos apeteciese, incluido el Trabajo, si verdaderamente nos apeteciese. Es decir, el Trabajo siempre ha ejercido como condicionante de esa parte de la Libertad del hombre referida al uso y disfrute de su tiempo, que solo la puede alcanzar comprándola con dinero y para tenerlo hay que trabajar. Y de aquí no salimos…

El Trabajo, tal y como ahora lo entendemos, no es inherente ni consustancial al ser humano. El Trabajo más bien, es una circunstancia coyuntural en la joven Historia de la Humanidad y la consecuencia del estado actual del paulatino proceso de desarrollo del hombre en la Tierra: lo que ahora precisamos para vivir lo tenemos que producir y en tanto no lleguemos (que llegaremos, aunque no sé cuándo) a un nivel de desarrollo que permita que las máquinas lo hagan casi todo, nosotros deberemos seguir en el tajo.

¿Alguien se imagina nuestra sociedad en el año 3.000 donde las personas recojan naranjas, arreglen coches o nos cumplimenten la declaración de renta?. ¡Qué penosa expectativa de desarrollo!.

La cultura idiosincrática que, en cada época, ha definido a los pueblos es algo tan poderoso que llega a programar las mentes de sus miembros, restándoles posibilidad de análisis y reflexión. Admitir que el Trabajo es un Derecho es darle la vuelta a una realidad que más bien lo posiciona como un Deber. Los Derechos los ejercemos o no a voluntad, pero sobre los Deberes no tenemos ninguna capacidad de elección.

Deseamos algo (el Trabajo) que, cuando lo tenemos, lo odiamos y cuando lo perdemos, lo añoramos. ¡No hay mayor Paradoja!.

Amigos, debemos trabajar, es cierto, pues no nos queda otro remedio, lo cual no significa que el Trabajo (bien gestionado racional y emocionalmente en nuestra vida) pueda ser fuente de satisfacción y enriquecimiento personal (y no solo material), como ya he defendido convencidamente en otro lugar de este Blog.

El Trabajo, por tanto, tiene fecha segura de caducidad en la Historia de la Humanidad y cuando ello les acontezca a nuestros descendientes con certeza no les preocupará que desaparezca una festividad en su calendario, pues entonces ya todas lo serán…

Saludos de Antonio J. Alonso

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“La Rueda de la Vida”

“La Rueda de la Vida”

Aunque nadie se percate muy bien de ello es muy cierto que, en el mismo momento de nacer, todos recibimos un misterioso regalo de cuyo origen sabemos poco y menos todavía sobre cuál será el uso que le daremos a lo largo de nuestra vida.

Se trata de una invisible bicicleta cuya presumible intangibilidad no desacredita la vital función para la que nos es entregada, pero si nos lleva a pedir indefectiblemente una “de verdad” a los siempre generosos Reyes Magos en algún momento de nuestra primera infancia.

La esotérica y misteriosa bicicleta en cuestión tiene como función el que, montados permanentemente en ella, recorramos el máximo trayecto posible en el largo camino de nuestra vida. Siempre considerando que al recibirla, esta se encuentra en perfecto estado de utilización, pero que con su uso o mal uso normalmente la deterioraremos paulatinamente (unos más que otros, dado que no será cuidada con igual interés por todos).

Pues bien, de todas, la pieza que más va a sufrir con nuestro descuido será la rueda trasera cuya redondez y concentricidad inicial se tornará, a poco que nos despistemos, en la imagen fiel del más chulo “ocho”, dificultando nuestro avance y ralentizando el viaje apasiónate de la vida.

Una de las herramientas más poderosas que solemos utilizar los que nos dedicamos profesionalmente al Coaching es “La Rueda de la Vida”, pues permite a nuestro interlocutor (Coachee) descubrir su estado de equilibrio/desequilibrio vital y por tanto allí donde más y mejor debería enfocar sus esfuerzos para alcanzar la tan deseada armonía existencial.

¿Cómo funciona?. Pues muy fácil: considerado una Rueda con tantos ejes como Áreas de la Vida quieran contemplarse (normalmente de seis a ocho) y dividiendo esos radios en diez segmentos cada uno para poder valorarlos (de 0 a 10) según nuestro nivel de satisfacción actual en cada una de esas Áreas de la Vida. Uniendo los puntos resultantes obtendremos la figura de nuestra Rueda de Vida, que tanto será más armónica cuanto más se acerque a la forma redonda de una circunferencia.

Lo más importante quizás del resultado obtenido es que parte de la valoración que cada persona hace de sí misma y todos sabemos que, para cada cual, no hay voz más autorizada que la propia.

Lo que queda tras esto es bien sencillo y difícil a la par: identificar aquellas actuaciones (Metas, Acciones, Hábitos, Tareas, etc.) concretas que deberemos acometer para volver a redondear nuestra Rueda de La Vida y así continuar recorriendo con mayor fluidez y dinamismo el largo y apasionante camino vital que nos tiene reservado nuestro siempre esperado y deseado futuro…

Saludos de Antonio J. Alonso

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¡Para no ser infeliz en el Trabajo…!

¡Para no ser infeliz en el Trabajo…!

Una vez más, Miguel de Cervantes (1.547-1.616) nos demuestra su fino y acertado conocimiento de la condición humana que, cuatrocientos años después, sigue inalterable en dichos y hechos.

En el capítulo 49º de la segunda parte del Quijote se cuenta que Sancho, siendo gobernador de la Ínsula Barataria, toma preso a un joven a quien “le condena a dormir en la cárcel”. Este, demostrando gran ingenio, reta al inexperto gobernador al cumplimento de su pena argumentando lo siguiente:

”Prosuponga vuesa merced que me manda llevar a la cárcel y que en ella me echan grillos y cadenas y que me meten en un calabozo y se le ponen al alcaide graves penas si me deja salir, y que él lo cumple como se le manda; con todo esto, si yo no quiero dormir y estarme despierto toda la noche sin pegar pestaña, ¿será vuesa merced bastante con todo su poder para hacerme dormir, si yo no quiero?.”

Como al mismo protagonista de esta aleccionadora historia, a todos nosotros se nos presentan habitualmente en nuestra vida situaciones de obligado cumplimiento, cuyo desempeño no necesariamente tiene un solo camino de andadura.

Sin duda el Trabajo es la ocupación vivencial que, por obligatoria y duradera, es más condicionante en la existencia de la mayoría de los que habitamos este mundo que nos ha tocado vivir. Debemos y tenemos que trabajar para ganarnos el sustento y además no poco, sino ocho o más horas al día, tarea que para muchos puede convertirse en una pena de cárcel difícil de sobrellevar. Efectivamente, tener que pasar un tercio del día en nuestra cárcel laboral y de por vida puede ser la peor condena a asumir, aunque aquí hoy no hablaré de lo terrible que pueda ser lo contrario: no tener trabajo. Ambas situaciones suelen devenir en infelicidad, aunque por motivos bien diferentes.

Trabajar no debería ser sinónimo de condena, pese a que la constatada realidad de la vida nos demuestre que trabajar en lo soñado y deseado es casi siempre una utopía, por mucho que se empeñen equivocadamente esos aprovechados gurús visionarios del “si quieres, siempre puedes”.

Sólo a partir de la “Asunción” consciente de nuestra realidad laboral actual daremos el primer paso en el camino a recorrer para no convertir nuestra actividad profesional en una cárcel que derive en fuente inagotable de infelicidad. Pero entiéndase siempre “Asunción”, nunca como “Resignación” sino como el reconocimiento de una situación presencial que hay que afrontar con compromiso y responsabilidad y que puede ser en el futuro, algo o mucho modificable según nuestros propósitos y esfuerzos.

La Asunción serena de tu realidad es la primera condición para no ser infeliz en el Trabajo, tal y como demostraba el protagonista de nuestra historia que, solo aceptando su obligada condena, supo encontrar esa parcela de libertad y autonomía personal que dio sentido a su pena…

Saludos de Antonio J. Alonso

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“Azuloscurocasinegro”

“Azuloscurocasinegro”

En 2.006, Daniel Sánchez Arévalo ganó el Goya a la mejor dirección novel por su película “Azuloscurocasinegro”, que también se llevó otros dos galardones (de los seis a los que optaba) de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas Españolas.

El título del film pretende reflejar el estado anímico del protagonista (Jorge) y su visión de la vida, sin duda no muy alejada de la que tienen muchos españoles en la actualidad.

El color con el que observamos nuestra existencia siempre es una elección propia, tal y como escribía Ramón de Campoamor (1.817-1.901) en sus Humoradas…

“Busqué la ciencia, y me enseñó el vacío.
Logré el amor, y conquisté el hastío.
¡Quién de su pecho desterrar pudiera,
la duda, nuestra eterna compañera!.
¿Qué es preciso tener en la existencia?.
Fuerza en el alma y paz en la conciencia.
No tengáis duda alguna:
felicidad suprema no hay ninguna.
Aunque tú por modestia no lo creas,
las flores en tu sien parecen feas.
Te pintaré en un cantar
la rueda de la existencia:
Pecar, hacer penitencia
y, luego, vuelta a empezar.
En este mundo traidor,
nada es verdad, ni mentira,
todo es según el color
del cristal con que se mira.”

Elegir el cristal con el que ver la vida es potestad de cada cual y de ello dependerá la actitud que exhibamos luego frente a los obstáculos que aparecen en nuestro camino. Optar por mirar a través de colores oscuros dificulta la visión en la marcha, pero escoger la claridad es apostar por facilitar el avance rápido por el camino de la vida.

Ya lo he dicho otras veces con anterioridad y ahora lo vuelvo a repetir: la situación de crisis económica que estamos atravesando se ampara en causas objetivas (reducción drástica del crédito, caída del sector de la construcción, contracción de la actividad exterior, etc.), pero también en otras subjetivas muy relacionadas con el ánimo y las expectativas de los consumidores que, anticipando una especie de apocalipsis económico (”Azuloscurocasinegro”), se han negado drásticamente a invertir/consumir frenando sin ABS su habitual dinámica vivencial, pese a que muchos sigan manteniendo su mismo poder adquisitivo. Al igual que “Estolocausamosentretodos” yo también considero que, de pensar en positivo, “Estoloarreglamosentretodos”.

Debo reconocer que, si bien no me distingo por ser un gran aventurero vital, si es verdad que cuando he impregnado de blanca ilusión mi futuro este me ha correspondido generosamente con muchas más satisfacciones que decepciones, demostrándome a mí mismo que el optimismo siempre es la versión más práctica de la mejor ensoñación.

Y si no, consultad a Pedro Calderón de la Barca (1600-1681) en “La Vida es Sueño”, cuando puso en boca de Segismundo aquello de…

“¿Qué es la vida?. Un frenesí.
¿Qué es la vida?. Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.”

Saludos de Antonio J. Alonso

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¡El gran poder de la Costumbre y Dios!

¡El gran poder de la Costumbre y Dios!

Cuando era pequeño, en cierta ocasión mi padre me advirtió que el ser humano es un “animal de costumbres” y a mí me impresionó mucho más eso de que éra un “animal”, que lo otro de las “costumbres”.

Ahora ya no me sorprendo de ello y asumo resignadamente mi/nuestra condición de animales, en muchas ocasiones no necesariamente racionales y por tanto equívocos. De aquí que lo que cada vez más me apasiona es el estudio sobre las leyes que marcan el intrincado comportamiento humano y quieren explicarlo con el mayor acierto. La Costumbre es una de ellas y en mi opinión, la más condicionante del actuar de las personas “humanas” (especifico lo de humanas pues considero que los otros animales también son “personas”, pues deberían tener derechos y obligaciones acordes con la idiosincrasia de su especie).

La Costumbre se configura en las personas como el modo habitual de hacer las cosas de tal forma que su arraigo en ellas y en la sociedad es hasta considerado como fuente del Derecho (Consuetudinario), derivando en leyes y decretos de obligado cumplimiento. Por tanto no estamos ante un tema menor, sino de gran trascendencia en nuestra vida por cuanto nos condiciona, tácita o expresamente, en los actos que queremos practicar.

Cuando una costumbre se instala en nosotros o en la sociedad donde habitamos no hay quien la mueva, generando un mismo sentimiento de continuidad e inmovilismo que además suele ser incuestionable y que paraliza todo intento de cambio hacia la mejora.

El pasado Jueves Santo viaje a Cuenca para escuchar una “Pasión según San Mateo” que los prestigiosos King´s Consort interpretaban en la noche grande de la 49ª Semana de Música Religiosa de esa localidad. Hoy no hablaré de hasta dónde me elevé emocionalmente, otra vez más, frente a la que quizás pueda ser la obra más honda, sentida y humana de toda la historia de la música universal.

Finalizado el concierto, hacia las 0:30 h. ya del Viernes Santo, me dirigí presto al hotel para descansar lo que pudiese pues nunca había asistido a la procesión de “Las Turbas” que comienza a las 5:30 h. de esa madrugada y me había sido insistentemente recomendada por tirios y troyanos.

“Las Turbas” es uno de los mejores ejemplos que podemos encontrar sobre la irresistible fuerza de la Costumbre. Quien haya asistido a esta peculiar procesión ya sabrá que su singularidad parte de un hecho insólito y en cierta manera formalmente cuestionable: unos 2.000 nazarenos, caminando de espaldas, preceden la imagen del Cristo con la Cruz tocando un monocorde soniquete de tambor, soplando desacompasadamente cornetas desafinadas y profiriendo toda suerte de insultos y silbidos hacia el protagonista del cortejo, imitando lo que la historiografía cuenta que le ocurrió a Jesucristo en su camino del calvario.

Desde mi estupefacto asombro alejado de toda vinculación religiosa, no podía dar crédito a lo que veía y lo que es más, no acertaba a explicarme cual sería la verdadera postura del clero conquense ante tamaña demostración anual de “hooligansmanía” hebrea.

¿Cuál es la explicación?. Pues sí: la Costumbre, que ha convertido en tradición inquebrantable una procesión de tan dudoso gusto religioso pero generadora de juerga alcohólica juvenil y pingües beneficios económicos en forma de turismo primaveral a una localidad que no anda nunca sobrada de ellos.

Sin duda, es el gran poder de la Costumbre que ni Dios ha podido cambiar…

Saludos de Antonio J. Alonso

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“El Capital Conversacional”

“El Capital Conversacional”

En los últimos tiempos, está adquiriendo especial relevancia un nuevo concepto relacionado con el desarrollo y la promoción de productos, servicios o personas que se llama Capital Conversacional.

El Capital Conversacional, por resumirlo de alguna manera sencilla, podríamos decir que es el arte de reunir todos los requisitos necesarios para generar un rumor positivo en la calle, tanto a favor de nuestros productos o servicios como también cabe la posibilidad de que sea a favor de nosotros mismos, según el caso que deseemos impulsar.

El factor distintivo y ventajoso del Capital Conversacional es que, a diferencia de otros conceptos de actuación promocional (publicidad, relaciones públicas, etc.), este genera intereses de abajo hacia arriba y no al contrario. Por tanto, se crea Capital Conversacional cuando los demás hablan bien de nuestro producto, servicio o de nosotros mismos en todos sus entornos relacionales. Podríamos decir que se trata de una forma indirecta de conseguir relevancia y protagonismo allí y para lo que se desee, sin acudir para ello a la solicitud directa.

El Capital Conversacional se impulsa a partir de ocho motores, que voy a definir resumidamente con una orientación hacia su aplicación sobre la promoción de las personas en sus vertientes profesional y personal (más que a la de productos o servicios):

1-   El Ritual o comportamiento habitual que se instala en los demás hacia nosotros como pueda ser el que lean periódicamente nuestro Blog, siempre se acuerden de felicitarnos por nuestro cumpleaños o nos inviten a todos los eventos de interés que promuevan.

2-   La Exclusividad, que instala en la percepción de los demás una consideración de singularidad al poder compartir con nosotros una conversación, un viaje o la asistencia a un acto público.

3-   El Mito, que se construye desde aquellas actuaciones y logros singulares de nuestro pasado o presente que gozan de una cierta significación como lo puedan ser los buenos resultados deportivos, la consecución de éxitos académicos o la conquista de elevados objetivos profesionales reconocidos. No obstante, el misterio también puede ser fuente de mitología pues suele ser más rica la imaginación que la percepción.

4-   La Distinción Sensorial se alcanza desarrollando mucho todos los conceptos vinculados con nuestra Inteligencia Emocional, que propicia el establecimiento de lazos de unión con los demás mucho más consistentes que los derivados de otro tipo de relaciones más caracterizadas por la formalidad educacional y la transacción de intereses.

5-   El Icono, como representación de aquella que pueda ser nuestra fortaleza más desarrollada (ser perseverante, buen comunicador, emocionalmente empático, etc.) y que nos imprime un sello o marca personal muy reconocible y admirada por los demás.

6-   El Tribalismo o fenómeno que determina la configuración de grupos de personas que se sienten orgullosamente afines (tribales) por compartir nuestra amistad o alguna de las actividades en las que participamos, siendo seguidores nuestros tal y como les ocurre a los novelistas, músicos, deportistas, etc.

7-   El Apoyo, que se consigue cuando los demás hablan bien de uno mismo sin más interés que el de defender la evidencia de nuestra valía, convirtiéndose en prescriptores espontáneos de nuestros propósitos profesionales o personales.

8-   La Credibilidad o creación de una coherente reputación personal amparada en la necesaria coincidencia de cuatro manifestaciones:

A.    Lo que creo que soy

B.   Lo que digo a los demás que soy

C.    Lo que creen los demás que soy

D. Lo que dicen los demás que soy

Los resultados de nuestro esfuerzo por activar una mayor o menor generación de Capital Conversacional a nuestro favor pueden dar lugar a cinco niveles del mismo:

1-   Punto Activo: Cuando gustamos a los demás y ellos hablan bien de nosotros siempre que tienen la oportunidad y por generación espontánea (sin ser preguntados al respecto).

2-   Punto Neutro: Gustamos a los demás pero no lo suficiente como para que se manifiesten a nuestro favor espontáneamente, necesitando ser preguntados para ello.

3-   Punto Pasivo: Los demás, no estando disconformes con nosotros, no se manifiestan en ningún sentido, callando su opinión.

4-   Punto Silencioso: Los demás, en disconformidad con nosotros, no hablan de ello ante otros.

5- Punto Negativo: Los demás, en disconformidad con nosotros, así lo manifiestan a los otros.

Ni que decir tiene que a todos nos gustaría estar en el Punto Activo y como todo en la vida esto no se presenta gratuitamente, sino a partir de nuestro esfuerzo en arrancar e impulsar convenientemente los motores antes mencionados…

Saludos de Antonio J. Alonso

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