Sin duda alguna la “Diferenciación” se constituye hoy en día como el principal factor crítico de éxito para todos aquellos (instituciones, organismos, empresas, profesionales o particulares) que aspiran a progresar para conseguir sus objetivos propuestos. Solo lo distinto es merecedor de una atención que cada vez es más difícil captar en este mundo, tan “curado de espanto” y al que ya se le han administrado todas las vacunas que quedaban de sorpresividad.
En la exitosa moda actual española de emisiones televisivas de “Biopics” (biografías llevadas al cine) sobre personajes relevantes de los últimos cuarenta años de nuestra historia (Juan Carlos I, la Duquesa de Alba, Adolfo Suarez, Alfonso de Borbón, Paquirri, Lola Flores, etc.), recientemente pudimos ver el correspondiente a Raphael, en mi opinión, la mejor voz masculina de música ligera nacida en España (aún por delante de Nino Bravo y del Camilo Sesto joven).
No todos estarán de acuerdo con esta valoración musical sobre Raphael pero si con la constatación de que se trata de una estelar figura de la canción que, tras cincuenta años de carrera profesional, todavía sigue llenando auditorios. ¿Por qué?.
Raphael es diferente (http://www.raphaelsite.com/descargas.htm) y esa distinción caracterizada tanto por su aterciopelada y envolvente voz (le llaman “la voz de humo”) como por su singular y muy personal teatralidad escénica, le ha posicionado en un lugar muy destacado de la atención de los demás. Atención en ocasiones muy crítica, que ha sido musicalmente contestada y defendida por el cantante con exitosas piezas reivindicativas compuestas por Manuel Alejandro como “Digan lo que digan” (http://www.youtube.com/watch?v=IVpftrxqyGk) o “Que sabe nadie” (http://www.youtube.com/watch?v=4u0tqP_rNAg&feature=related).
Ya lo cantaba también otra veterana figura de la canción española como lo es Juan Manuel Serrat: “Cada quien es cada cual…”, en clara alusión a la especificidad como personas que cada uno de nosotros llevamos dentro pero que, desgraciadamente, nos obstinamos en acallar para transitar hacia esos terrenos anónimamente más cómodos en la que nos instala la confusión mimética con la multitud.
Desde que nacemos nos educan en “la tradición y las costumbres” que, siendo enriquecedoras pues testimonian mucho de la sabiduría del pasado, nunca deberían llegar a condicionar las potencialidades de los miembros de una colectividad que, sin lugar a dudas, puede ganar más con el impulso que con la inmovilidad. Las sociedades que “fabrican” individuos que se limitan a reproducir lo instaurado se aseguran su continuidad, pero no su progreso.
Asumir dócilmente las formas de vida de nuestro alrededor sin el necesario cuestionamiento sobre su idoneidad con uno mismo se configura como la peor de las autocensuras y la mejor resignación.
Ser y hacer lo mismo que los demás, viviendo a la defensiva, es el mayor seguro para preservarnos de las miradas y las críticas ajenas pero nunca nos garantizará la felicidad que supone el ejercicio de demostrar nuestra rica singularidad, pese a todo lo que puedan decir y digan… los demás.
Saludos de Antonio J. Alonso
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23. Octubre 2010 en 20:35
Información Bitacoras.com…
Valora en Bitacoras.com: Sin duda alguna la “Diferenciación” se constituye hoy en día como el principal factor crítico de éxito para todos aquellos (instituciones, organismos, empresas, profesionales o particulares) que aspiran a progresar para…
24. Octubre 2010 en 12:48
Ciertamente el ser “Uno mismo” sin importar lo que digan es permitirnos mostrarnos como seres unicos y sobretodo fieles a nosotros mismos.Estar conscientes que no hay moldes y si pretendemos ser lo que no somos al final las incongruencias se escaparan por algun lado retrasandonos el camino, sacrificando quizas lo mejor que tenemos pretendiendo gustar o complacer a otros asi que muy de acuerdo con la frase y la cancion de Rafael brillante, seguro, autentico “Digan lo que digan los demas”
Saludos y hasta pronto
Martha
24. Octubre 2010 en 20:17
Ser uno mismo y no estar siempre mirando a los demás-
Seamos pues auténticos y desde ahí conseguiremos la diferencia.
Y en mi opinión, seamos “normales”, hoy por hoy es lo más extraordinario
Un saludo,
Xisco
24. Octubre 2010 en 21:38
Pues mira… hace poco vi este enlace… sobre conformismo que, me parece muy oportuno a tu entrada:
http://www.youtube.com/watch?v=iRh5qy09nNw
Un saludo,
David.
26. Octubre 2010 en 12:03
Estoy totalmente de acuerdo con tu artículo, Antonio.
Caminamos sobre un lastre de condicionantes que nos impiden avanzar en vez de basar nuestro camino en convicciones propias.
Hasta hace poco todavía pensaba que mi padre iba a leer mis libros cuando se publicasen (incluso lo destaca la protagonista de una de mis novelas refiriéndose al suyo. Afortunadamente, he superado eso (parece que yo le daba más importancia que mi padre) y ahora escribo con más libertad.
Por cierto, te animo a que leas mi última novela:
http://editorialakron.es/cms/uploads/File/FICHA%20%20EA0085%20LES%20XANES.pdf
Lo dicho, hemos de ser auténticos y coherentes con nuestro sentir.
Gracias por compartir tu artículo.
Un fuerte abrazo,
María Ángeles Chavarría
26. Octubre 2010 en 13:31
María Ángeles…
…desconocía tu faceta como prolífica escritora de novelas (¡15 nada menos!), lo que prueba que también hay “silenciosamente” personas distintas…
28. Octubre 2010 en 12:56
Lo más “raro”, Antonio, es que no se trata novelas en su totalidad. Los libros que has visto (supongo que en la web de la Asociación de Escritores) no son todos novelas. Todavía soy de las que escribe poesía, aunque la lean cuatro, entre quienes me incluyo. Entre esas obras (ahora ya son 18 las publicadas) hay novelas, cuentos, ensayo, literatura infantil y, por supuesto (y muy querida por mi parte) poesía. Sólo me falta escribir teatro.
Y sí, tambien es curioso que, conociéndonos tantos años en el entorno laboral, desconozcamos la auténtica vocación de las personas que nos rodean. Así es la vida…