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29. Mayo 2010 por Antonio J. Alonso.
Televisión Española concursa hoy sábado 29 de Mayo en Eurovisión 2.010 con una muy original canción titulada “Algo pequeñito” (http://www.youtube.com/watch?v=IGlKLUujURk) que, independientemente del resultado final que consiga, en mi opinión es el mejor de los 49 temas hasta la fecha presentados por España en toda su historia de participación en el veterano y europeo Festival de la Canción.
Elegante y pegadizo ritmo de vals en crescendo al estilo raveliano de su famoso Bolero, está interpretado por la juvenil y bien modulada voz de un rizado y simpático Daniel Diges que protagoniza esa nostálgica puesta en escena alegórica a los evocadores mundos del Circo tradicional y la Comedia dell´Arte.
Pero de todos los aciertos de “Algo pequeñito”, quizás el mayor esta en el mensaje que contiene su letra y cuyos sencillos primeros versos son…
- Algo pequeñito, algo chiquitito. Una rosa blanca. Una caricia, un beso dulce y un perdón.
- Algo pequeñito. Algo chiquitito. Un gesto tierno, una mirada. Un abrazo, una flor.
- Algo pequeñito. Algo chiquitito. Un simple te quiero. Con dulzura, con cariño y con pasión.
…versos que proclaman la grandeza de la pequeñez, la importancia de la parte frente al todo, la evidencia de que solo son las piedras las que construyen las catedrales.
Siempre he sido un fiel defensor de la conveniencia del cuidado de los pequeños detalles en cualquier orden de la vida, pues su práctica reiterada suele ser la mejor garantía para trasladar con éxito nuestras intenciones y voluntades a los demás. Confundir su carácter diminuto con la intrascendencia de su uso es uno de los mayores errores que podemos cometer y que habitualmente no solemos entender por más que nos lo señalen.
El sentimental mensaje de “Algo pequeñito” también tiene buen acomodo en los entornos profesionales, ahora tan crispados y ásperos que andan urgentemente necesitados del esfuerzo solidario de todos por cuidar más las prácticas y los ambientes laborales.
Una maquinaria funciona a pleno rendimiento cuando las pérdidas de energía por fricción se minimizan y es por ello que se utilizan los aceites lubricantes. Sin duda el mejor para construir fluidas relaciones profesionales en equipos de trabajo de alto rendimiento son los pequeños detalles, como lo es una cariñosa palabra de ánimo en el momento adecuado o el gesto de escuchar pacientemente y con atención las correrías de fin de semana del hijo de nuestro compañero de trabajo…
…algo pequeñito que no requiere de gran esfuerzo personal pero que sumado al de todos los demás puede conseguir un enorme resultado final.
Saludos de Antonio J. Alonso
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22. Mayo 2010 por Antonio J. Alonso.
¿Cuántas veces en nuestra vida nos hemos ahogado en un simple vaso de agua al convertirse engañosamente este en el escenario de las tormentas oceánicas más aterradoras? y ¿cuántas veces nos hemos dado cuenta a la postre de que las presuntas dificultades vividas no lo habían sido tanto?.
La percepción de la realidad condiciona en gran modo su adecuada gestión. Tanto el apreciar más dificultades de las que realmente son como lo contrario, suele ser un mal punto de partida en los procesos de actuación personal.
Vivimos presos de un provincianismo mental que quiere reducir todo lo que nos acontece a un puñado de reglas bien sabidas y aplicadas tradicionalmente por la colectividad de la que formamos parte. Perseguimos la comodidad infinita y conforme la vamos ganando en la vida, cualquier atentado a ella nos parece el mayor de los terremotos en nuestro ganado remanso de placidez engañosa.
Buscamos lo absoluto (nuestra verdad), cuando lo práctico es caminar hacia lo relativo (las verdades). Usamos siempre las mismas gafas, cuando deberíamos acostumbrarnos a ponernos frecuentemente las de los demás.
La vida necesariamente es como una carretera de montaña, que alterna unos tramos de subida con otros de bajada. Empeñarse en que la cuesta sea siempre descendente es tanto como buscar el fondo del infierno con alevosía. Sin duda, debe haber momentos de esfuerzo para que luego los haya de descanso. El contraste es parte de la esencia de nuestra vida, por lo que relativizar ambos es la mejor receta para entender el sistema cíclico existencial.
Quien esto bien lo ha entendido es Tony Meléndez (http://www.youtube.com/watch?v=RoLoFe3Eze8), cuyo brillante ejercicio de Relatividad le ha posibilitado afrontar las empinadas cuestas que su vida le ha reservado y que él ha traducido en una de las mayores lecciones de supervivencia en un entorno de verdadera tormenta perfecta, sin duda muy distante de nuestros tan “exagerados” y “aterradores” chaparrones primaverales cotidianos…
Saludos de Antonio J. Alonso
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15. Mayo 2010 por Antonio J. Alonso.
Dicen mis amigos que envidian la profesión que vengo desempeñando en los últimos ocho años porque, a diferencia de casi todas las demás, a mí me pagan por preguntar cuando lo habitual es que fuera por responder. Y esto, no dedicándome al periodismo, es muy poco frecuente y ciertamente singular.
Soy Business Coach (o entrenador en empresas y negocios) y me gano la vida preguntando. Si, preguntando. Hago lo contrario a aquello que ofrecen los Consultores: respuestas y soluciones a los problemas.
¿Y por qué me pagan por ello…?.
Llega un coche averiado a un taller de reparación y el mecánico, al abrir el capó, coge una llave inglesa con la que aprieta una tuerca:
- Señor, ya está arreglado su vehículo, son 300 €.
- ¿Cómo?. ¿Usted es un ladrón?. ¿300 € por apretar una tuerca…?.
- Perdone caballero, yo le he cobrado 5 € por apretar la tuerca y 295 € por saber cual de todas ellas es la que soluciona la avería de su coche.
Preguntar puede ser muy fácil o muy difícil, todo depende de lo que se pretenda conseguir. En mi caso y en el de quienes nos dedicamos al Business Coaching, el objetivo que perseguimos es el de maximizar los resultados de las organizaciones en donde intervenimos a partir de la puesta en valor de todos sus Agentes y muy especialmente, de su Capital Humano. Y para ello hay que preguntar, sabiendo lo que preguntar.
Me gustan las preguntas mucho más que las respuestas y es por ello que prefiero la música de Beethoven a la de Mozart pues, en mi opinión, el primero se debate constantemente alrededor de la duda enriquecedora mientras que el segundo compone plácidamente instalado en su insultante perfección musical.
El Capital Humano y en especial su talento, hoy en día, es el principal factor crítico de éxito de toda empresa por cuanto es lo único que no se puede comprar con dinero (el resto de factores productivos, sí). Contratar a un directivo brillante de otra empresa no asegura que lo vaya a ser en esta. Las organizaciones que cuentan con equipos de trabajo de alto rendimiento profesional son las que se distinguen positivamente de las de su competencia y por tanto, las que triunfan en sus mercados.
Mejorar el rendimiento profesional de los directivos de las empresas es mi trabajo y nunca lo podría conseguir trasladándoles respuestas. ¿Por qué?. Pues porque no las tengo, al faltarme toda la información que ellos si tienen sobre su responsabilidad profesional, empresa, mercado, etc.
¿Quién sabe más que uno mismo sobre su realidad?. Nadie. Por tanto, nadie nos puede decir acertadamente lo que tenemos que hacer. De aquí que la Consultoría (y también la Formación tradicional) está llamada al fracaso continuo y reiterado en todo aquello que suponga la mejora del rendimiento profesional de los miembros de equipos de trabajo a partir de milagrosas soluciones y recetas mil veces oídas. No valen las soluciones externas, sino únicamente las que surgen y parten de los propios afectados.
Pero ver individualmente las soluciones no nos resulta fácil. Muchos impedimentos nos suelen bloquear la percepción más objetiva de nuestra realidad y casi todos ellos están vinculados a esa obsesión que continuadamente demostramos por permanecer en nuestra zona de comodidad. Ese reducto de hábitos y costumbres que, por conocidas y dominadas, nos instalan en la más aburrida repetición vital.
El cambio es la única herramienta válida para el progreso personal y profesional (“Si hacemos siempre lo mismo, conseguiremos siempre lo mismo”) y dada su evidente dificultad, a mí me pagan por facilitarlo y propiciarlo en los profesionales y en sus organizaciones.
Y para ello, siempre pregunto…
Saludos de Antonio J. Alonso
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8. Mayo 2010 por Antonio J. Alonso.
El lunes pasado, en pleno Mayo, amaneció un día fresco y lluvioso en Valencia. De esos que parecen se han equivocado de estación para recordarnos un Invierno recién finalizado que todos queremos olvidar pero que, sin pedirlo, en menos de un año nos volverá a visitar.
Es en este tipo de días cuando me resulta más fácil el poder analizar emocionalmente lo que me pasa y rodea, ganando en sentido y sensibilidad (¡Jane Austen solo podía ser británica!).
Caminando bajo la lluvia, recordaba la sesión de Coaching recién finalizada en donde el Gerente de una conocida compañia de servicios me había trasladado su preocupación por el progresivo deterioro que estaba notando en la relación laboral con su esposa (trabajan juntos) debido, según él, a la crispación que estos tiempos problemáticos de dificultad económica genera en los caracteres de los líderes y directivos empresariales.
Instalado en el metro y ya de vuelta a casa, seguía absorto en mis tribulaciones sobre las verdaderas razones que podrían explicar la situación de mi cliente, cuando en la parada de una estación entraron dos jóvenes con rasgos físicos de síndrome de Down. Tendrían veintipocos años y no les acompañaba nadie, lo cual me intrigó por lo inusual. Vestían a la moda y permanecían callados.
A hora punta, el vagón lleno no ofrecía muchas posibilidades de asiento y la única plaza a la vista fue cedida galantemente por el muchacho a su acompañante, muy rubia y algo más alta que él. Como no llevaban paraguas, sus ropas y pelos mojados me informaron de un largo trayecto a pié hasta esa estación.
Sin pretender observar más de lo que el decoro impone, me costaba apartar mis ojos de esos jóvenes, distintos sí, pero a la vez tan normales en su comportamiento que todavía me intrigaban más. Y de repente, paso…
Tuve el privilegio de contemplar una de las escenas más verdaderas y tiernas que en mucho tiempo había visto en la vida real (en la Ópera, muchas veces, sin duda) y que paso desapercibida para el resto del pasaje, tan ausentes como ignorantes del regalo emocional que estaba aconteciendo.
El muchacho, con un delicadísimo cuidado y esa minuciosidad titubeante que solo los síndrome de Down son capaces de mostrar (lo conozco muy bien, pues tengo una adorable sobrinita que nació así), le estaba retirando primorosamente del rostro los despeinados mechones mojados que cubrían sus ojos, dibujando nuevamente ese flequillo perdido, pelo a pelo, ante la dulce y ya plenamente azul mirada de la joven. ¡No pude contener mi emoción!.
Al pronto comprendí que las lecciones no las dan los que quieren sino los que pueden y que mi cliente, de haber estado allí, hubiera descubierto sin más ayuda mía la verdadera razón de su preocupación.
Saludos de Antonio J. Alonso
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1. Mayo 2010 por Antonio J. Alonso.
“LA PARADOJA DEL TRABAJO”
Hoy es 1º de Mayo y festivo: celebramos el Día del Trabajo.
Normalmente las festividades en el calendario vienen a “santificar” (religiosa o laicamente) a personas, instituciones o acontecimientos de gran relevancia y significación para toda la colectividad, conservándolos anualmente en su memoria histórica.
Sin duda el Trabajo lo es. Pero, ¿por qué…?.
Si, ¿por qué?. ¿Es el trabajo un bien deseado? o ¿se trata más bien de una necesidad impuesta?.
En mi opinión, si el Trabajo fuese un bien deseado nadie jugaría a la lotería. A todos nos gustaría vivir sin la obligatoriedad de tener que trabajar para ganarnos la vida y así poder destinar nuestro tiempo a lo que nos apeteciese, incluido el Trabajo, si verdaderamente nos apeteciese. Es decir, el Trabajo siempre ha ejercido como condicionante de esa parte de la Libertad del hombre referida al uso y disfrute de su tiempo, que solo la puede alcanzar comprándola con dinero y para tenerlo hay que trabajar. Y de aquí no salimos…
El Trabajo, tal y como ahora lo entendemos, no es inherente ni consustancial al ser humano. El Trabajo más bien, es una circunstancia coyuntural en la joven Historia de la Humanidad y la consecuencia del estado actual del paulatino proceso de desarrollo del hombre en la Tierra: lo que ahora precisamos para vivir lo tenemos que producir y en tanto no lleguemos (que llegaremos, aunque no sé cuándo) a un nivel de desarrollo que permita que las máquinas lo hagan casi todo, nosotros deberemos seguir en el tajo.
¿Alguien se imagina nuestra sociedad en el año 3.000 donde las personas recojan naranjas, arreglen coches o nos cumplimenten la declaración de renta?. ¡Qué penosa expectativa de desarrollo!.
La cultura idiosincrática que, en cada época, ha definido a los pueblos es algo tan poderoso que llega a programar las mentes de sus miembros, restándoles posibilidad de análisis y reflexión. Admitir que el Trabajo es un Derecho es darle la vuelta a una realidad que más bien lo posiciona como un Deber. Los Derechos los ejercemos o no a voluntad, pero sobre los Deberes no tenemos ninguna capacidad de elección.
Deseamos algo (el Trabajo) que, cuando lo tenemos, lo odiamos y cuando lo perdemos, lo añoramos. ¡No hay mayor Paradoja!.
Amigos, debemos trabajar, es cierto, pues no nos queda otro remedio, lo cual no significa que el Trabajo (bien gestionado racional y emocionalmente en nuestra vida) pueda ser fuente de satisfacción y enriquecimiento personal (y no solo material), como ya he defendido convencidamente en otro lugar de este Blog.
El Trabajo, por tanto, tiene fecha segura de caducidad en la Historia de la Humanidad y cuando ello les acontezca a nuestros descendientes con certeza no les preocupará que desaparezca una festividad en su calendario, pues entonces ya todas lo serán…
Saludos de Antonio J. Alonso
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