De las “3 C” que orbitan el universo del éxito personal (“Compromiso”, “Constancia” y “Coherencia”), hoy comenzaré reflexionando sobre un satélite de la Constancia como lo es la “Voluntad”.
La Voluntad es la facultad que le mueve a una persona para hacer o no alguna cosa, por lo que su desempeño deriva siempre en la actuación. Cuando ejercemos nuestra Voluntad es para hacer algo (sin Voluntad no hacemos nada).
Esta indisoluble relación entre Voluntad y acción determina que usualmente la mejor forma de explicar con palabras aquello que vamos a hacer, siempre es utilizando los verbos. De todos, uno de los más usados, deseados, solicitados y cantados es “Querer”.
Del Querer hay tantas manifestaciones como personas pueblan la Tierra, pero de todas ahora quiero tratar una de las más universales: el Querer en la pareja.
Es incuestionable que la pareja, tras el fulgor siempre pasajero del enamoramiento y de continuar, suele caminar hacia un nuevo estado más sereno y hondo protagonizado por el cariño, cuyo combustible insustituible es el Querer.
Querer durante el periodo del enamoramiento es muy fácil, pues no requiere de la Voluntad al ocuparse el fuego de la pasión de todo. Pero cuando el combustible se agota, la continuidad del Querer comienza a solicitar de la participación activa de los emparejados, es decir, de su Voluntad.
Por esto, el secreto del mantenimiento en el tiempo del cariño en una pareja es simplemente una cuestión de ejercicio mutuo de Voluntad para conseguir activar permanentemente el Querer, o lo que es lo mismo… “Querer, querer”.
Saludos de Antonio J. Alonso
www.alonso-businesscoaching.es
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