Archivo para Septiembre 2009

Dime y lo olvido…

Benjamin Franklin (1.706-1.790), estadista y científico norteamericano, dijo:

“Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo”

En tiempos del Sr. Franklin el Coaching no se había inventado o quizás mejor, lo que no se conocía era el nombre de la disciplina pero si se practicaba sin saberlo.

Mucho antes, en la antigua Grecia, desde Sócrates y la Mayéutica ya se utilizaba la pregunta como fuente de conocimiento y resolución de problemas, considerando que la verdad está oculta en la mente de cada ser humano y el encontrarla solo depende de identificar los interrogantes adecuados que ejerzan de focos iluminadores en la oscuridad. Por esto se considera a Sócrates el padre del Coaching.

¡Qué razón tenía B. Franklin al distinguir entre “decir”, “enseñar” e “involucrar”!.

- “Decir” atiende a todas esas comunicaciones que, bien referidas a temas importantes como a los intrascendentes, no somos capaces de trasladarlas adecuadamente a su interlocutor, malográndose esa información por perdida de interés y atención.

- “Enseñar” ya requiere un esfuerzo mayor pues la voluntad del enseñante es que quien le escucha aprenda, aunque esto pocas veces ocurre. La mayoría de las ocasiones, el proceso de enseñar solo consigue marcar un leve recuerdo en la mente del escuchante que, con el tiempo, va desdibujándose como un cuadro mojado por el agua.

- “Involucrar” a los demás sin duda es lo más efectivo, pues consigue el aprendizaje óptimo al vincular lo comunicado con el compromiso del receptor para usarlo en su vida. Involucrar no es enseñar, porque enseñar utiliza la respuesta mientras que involucrar necesita de la pregunta.

En tu vida, ¿prefieres preguntar o responder?. Yo lo primero y además, como Coach, vivo de ello…

Saludos de Antonio J. Alonso

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¡El sobrecogedor final de TRISTÁN e ISOLDA!

De nuevo la Opera protagoniza una de mis entradas a este Blog y en este caso las mayúsculas empleadas son poco reconocimiento a una de las cimas del arte universal: “Tristán e Isolda” de Richard Wagner, estrenada en Munich el 1 de Junio de 1.865, es la apoteosis convulsa del amor.

El próximo 9 de octubre tendré la oportunidad, una vez más, de presenciar una representación de la opera más ardiente que se ha escrito con mi alma entreverada de devoción wagneriana.

Será desde una muy buscada butaca de la primera fila del Grand Tier Left del “Royal Opera House Covent Garden” de Londres, santuario de míticas e históricas noches en donde el regalo apasionado de los cerrados aplausos y los bravos desaforados ha quedado grabado en sus centenarias paredes para siempre y que yo, volveré a escuchar. Hiervo por dentro mientras espero…

“Tristán e Isolda” es todo pasión desbordada y especialmente su sobrecogedor final “Mild und leise” (“Tranquilo y sereno”) que, cantado por una Isolda presta a morir por amor, se configura como una de las manifestaciones de la emocionalidad humana más hondas que el paso de la civilización humana ha dejado sobre la Tierra.

¿Se puede morir de amor?. La verdad es que no lo sé, pero el solo hecho de admitir esa posibilidad nos abre las puertas de la evidente complejidad del ser humano y su gran capacidad para sentir profundas emociones hasta límites que rozan peligrosamente las leyes de la naturaleza (el instinto de supervivencia).

Emociones que, en otra magnitud, presiden todas nuestras actuaciones diarias y condicionan las actitudes que nos llevan a presentarnos ante nosotros mismos y ante los demás. Emociones que también son las responsables de nuestros éxitos y fracasos y que por abstractas, no acabamos de visualizar, siendo conocedores inconscientes de su protagonismo en nuestras vidas.

Isolda se deja morir por amor, finalizando lo que hasta ese momento ha sido una partitura sísmica, desbordante y atronadora en un hilo de silencio que resume todo lo que queda en el alma cuando el alma se hace silencio…

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Saludos de Antonio J. Alonso

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La Marca Personal

En la década de los ´60 del siglo pasado, cuando el “Marketing” todavía era una disciplina incipiente y necesitada de desarrollo académico, ya se decía eso de que… “quien tiene una marca reconocida, tiene un tesoro”.

Poco tiempo transcurrió desde entonces para poderlo confirmar con total seguridad, cuando muchas de las grandes fusiones y adquisiciones entre compañías multinacionales se valoraron esencialmente por sus marcas.

No lo dudemos: la marca es lo que confiere valor a un producto y productos hay tantos y de tan variadas naturalezas que hasta nosotros mismos lo somos.

Efectivamente, cualquier profesional es un producto en sí mismo, tanto si desarrolla su labor por cuenta propia como por cuenta ajena. Todos tenemos algo que vender y eso es nuestra profesionalidad. La creación de una “Marca Personal” nos puede ayudar significativamente a ello.

No es este el espacio idóneo para desarrollar detalladamente cómo se crea una Marca Personal, pero si para dar algún consejo que inicie el interesante camino:

1- Tú no eres como te ves sino como te ven, aunque sea mentira.

2- Todo lo que hagas y lo que digas tiene una repercusión en tu reputación.

3- Se coherente y construye una vida orientada, no olvidando el pasado para decidir en el presente que hacer en tu futuro.

4- Nunca te atribuyas más méritos que los que tienes, pero tampoco menos.

5- Si tienes que decidir entre hablar o callar, elije el silencio.

6- No es mejor que te conozcan muchos poco, que te conozcan pocos mucho.

7- Interésate por los demás al igual que te interesas por ti.

8- Sonríe con frecuencia.

9- Invita y ayuda a los demás a ser felices.

10- Se constante en todo lo anterior y en todo lo demás.

Saludos de Antonio J. Alonso

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El Éxito del Error

La palabra “Éxito” viene comúnmente asociada a la resolución feliz de una actuación. El Éxito es algo deseado por todos aunque solo verdaderamente buscado por algunos: los que hacen algo para conseguirlo.

Mi definición de Éxito es aquella que lo vincula con la consecución de nuestros Deseos y los Deseos son patrimonio de cada cual, no debiendo necesariamente coincidir los de unos con los de otros. Los Deseos, en definitiva, configuran todas las múltiples aristas del estilo de vida que quisiéramos practicar y sobre el que nos sentiríamos realizados como personas de alcanzarlos.

Tener Éxito en los diferentes órdenes de la vida no es fácil y aun lo es menos si pretendemos acertar siempre en todas las actuaciones que emprendemos. Está demostrado que hay algo muy habitual en la mayoría de las personas denominado “Aversión al Fracaso”, que ejerce de potente condicionante negativo a la hora de intentar nuevos retos en su vida.

Evidentemente, si cada empeño que nos proponemos pretendemos sea exitoso, muchos de los que son complicados ni siquiera los acometeremos por miedo a su fracaso.

En los años ´80, cuando la Informática se configuraba como un nuevo e incipiente sector profesional y empresarial, las reglas del juego todavía no estaban definidas y en ese marco de desconocimiento general, los directivos más valorados eran aquellos que habían protagonizado una sonora quiebra en su empresa. La razón es bien sencilla: sabían lo que no debían volver a hacer o lo que es lo mismo, habían aprendido del Error.

El Error, sin duda, es un Éxito en sí mismo cuando no interrumpe la persecución de lo buscado, genera el conocimiento suficiente y propicia el necesario cambio de actuación.

Saludos de Antonio J. Alonso

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