La Casualidad y la Causalidad

Juana acaba de tener un gran éxito profesional y piensa que se debe a la Causalidad (“Como he hecho bien las cosas, he obtenido el premio a mis esfuerzos. Todo es debido a mis aciertos”).

Enrique se ha enterado que Luisa ha obtenido gran logro profesional y piensa que es debido a la Casualidad (“Pero, ¿cómo ha podido Luisa conseguir eso si carece de las competencias necesarias?. Sin duda, ha tenido mucha suerte”).

Mercedes se enfrenta a uno de los mayores fracasos de su vida profesional y piensa que ha sido debido a la Casualidad (“Yo lo hice bien, pero todo se me puso en contra. Tuve mala suerte”).

Santiago al conocer que Rubén se ha arruinado piensa que ha sido debido a la Causalidad (“Estaba claro, antes o después pasaría. Cuando no se hacen las cosas bien, aparecen los errores y luego…”).

Sin duda, todos los personajes aquí representados tienen algo en común: la indulgencia al analizar el resultado de sus propias acciones frente al rigor en la evaluación de las de los demás.

Esta es una característica que, con diferentes intensidades, se cobija en lo más hondo de todos nosotros y nos lleva a practicar un tipo de parcialidad interesada en lo que es el análisis de la realidad de nuestros actos y de los de los demás.

Parcialidad interesada que, una vez más defiendo, no puede ser la mejor compañera para la identificación y generación de propósitos de mejora en nuestra carrera personal y profesional.

¡No hay Casualidad sin Causalidad!.

2 respuestas para “La Casualidad y la Causalidad”

  1. Ivan dice:

    Estoy de acuerdo. Lo ideal sería que nosotros mismos fuésemos objetivos al analizar si lo que nos pasa es por casualidad o por causalidiad.

  2. Antonio J. Alonso dice:

    Efectivamente, ahí radica la dificultad. Pero el solo hecho de proponerse un esfuerzo de objetividad ya representa un favorecedor avance respecto a la cotidiana indulgencia que nos invade…

Dejar una respuesta